January 24, 2013

ACTO V: "La metamorfosis"

Después de amarse, sus cuerpos desnudos, impregnados uno de la esencia del otro, permanecieron, durante los que le pareció un mundo, compartiendo el silencio, hasta que el sueño pudo con ambos.
El joven durmió con la sien izquierda apoyada sobre el brazo, extendido a ras de suelo, mientras su otra mano reposaba delicadamente sobre la cadera de la muchacha; quien se mantuvo todo el tiempo acurrucada contra él, dándole la espalda, con los brazos encogidos tímidamente, y las muñecas dobladas delante de sus pechos, como si, inconscientemente, tratara de cubrir su desnudez.
El joven se despertó y ahogó un bostezo, llevándose la mano que tocaba la cadera de la muchacha a la boca. Después de retirar un mechón rebelde de su frente, se asomó, inclinando la cabeza, para comprobar si ella aún dormía… mas, tan pronto como sus ojos contemplaron su angelical rostro, éste se quedó totalmente ensimismado.
Una sibilante respiración, cuyo arrítmico sonido se clavó en su cerebro, cual mil alfileres calentados al rojo, lo devolvió bruscamente a la realidad.
Como si buscase al causante de tan desagradable ruido, apartó por un momento los ojos de su amada y miró al frente. Y a punto estuvo de vomitar su corazón por la boca, cuando al alzar su mirada dio de bruces con el grotesco rostro del mimo situado a un palmo del suyo. Entonces, se quedó paralizado, temblando como una hoja de papel, con los ojos muy abiertos y trémulos, sin saber qué hacer.
El mimo lo miraba fijamente, con ojos inquisidores, en la más absoluta quietud. Encorvado, acuclillado, como una depredador que se dispusiera a saltar sobre su presa. Mas se guardó mucho de que las manos, entrelazadas por detrás de su espalda, permanecieran ocultas. No quería que su incesante temblor rompiera la simetría de su pose, haciéndolo menos amenazador a los ojos del joven. En aquella faz agrietada y grotesca, sólo había lugar para la cólera, ni rastro de lo que algún día fue.
De repente, el mimo le dedicó al joven una macabra sonrisa llena de amarillentos y pequeños dientes, afilados como colmillos, e, inmediatamente después, se levantó como un resorte, girando sobre sí mismo, dándole la espalda. Volvió sobre sus pasos y se detuvo a metro escaso del joven, con la cabeza escondida entre los hombros y las manos, ahora, entrelazadas sobre su regazo.
Mientras el joven trataba de calmar su corazón desbocado, temeroso de que alguno de sus ventrículos pudiera reventar, el cuerpo del mimo adquirió una rigidez antinatural.
El joven escudriñó al mimo, mirándolo, expectante, durante un buen rato. Al ver que éste no daba muestras de movimiento, se tumbó otra vez. Aunque ahora lo hizo bocaarriba, soltando toda la tensión acumulada. Eso sí, sin apartar en ningún momento los ojos del mimo, al que ahora podía vigilar sin necesidad de incorporarse.
El joven, comenzó a parpadear… cada vez con mayor insistencia… hasta que los párpados le pesaron demasiado como para mantenerse despierto, y el sueño lo venció.
Si el joven en vez de ver la nuca del mimo, hubiese contemplado la expresión de éste, no se hubiese visto arrastrado por el sueño, sino que hubiera sido la locura la que lo hubiera conducido a otro mundo, igual de onírico, sí, pero mucho más desquiciado y mucho menos placentero. El rostro del mimo estaba repugnantemente desencajado, con los ojos cubiertos por una fina película blanca y la boca abierta, exageradamente grande, como las fauces de una víbora, asomando una lengua viperina de entre sus labios. La cual estaba hinchada y amoratada a causa de los afilados colmillos que se clavaban en ella, desbordándose la sangre, que manaba de los cortes, por su barbilla, saliente y convulsionada.
De pronto, el mimo miró por encima de su hombro. E, inmediatamente después, se acercó a los cuerpos desnudos de los amantes y se situó justo detrás del joven, poniéndose a la altura de su cabeza. Entonces, se agachó y, como si tirase de un hilo invisible conectado a la cabeza del joven, al alzar la mano, ésta quedó suspendida en el aire. Acercó su otra mano, con los dedos índice y corazón formando una uve. Los ojos del joven se movieron bajo los párpados, como si fuera a despertar de un momento a otro. El mimo juntó sus dedos índice y corazón, y la cabeza del joven se desplomó sobre el suelo, sin un aliento de vida.
La muchacha se despertó sobresaltada, como si acabase de tener una pesadilla. Y cuando vio a su amado tirado en el suelo, muerto, soltó el más descarnado de los alaridos. Seguidamente, se arrodilló a su lado, sollozando histéricamente, mientras acunaba la cabeza de un cadáver, que en vida le hizo el amor.
El mimo cogió a la muchacha por la cintura, y la zarandeó. Tras darle la vuelta, la abrazó con todas sus fuerzas, intentando calma así el sufrimiento de su hermosa muchacha de ojos esmeraldas, como tantas veces antes había hecho.
Mientras la sostenía entre sus brazos, ella expiró su último aliento de vida y su cuerpo se convirtió en algo blando y correoso. El mimo trató de evitar que el tronco de la muchacha se escurriera de entre sus manos o que se balanceara de un lado a otro, empeñándose en poner una y otra vez su espalda derecha… Y de los ojos del mimo brotó una lágrima que contenía más dolor que toda una vida de llanto.

FIN


Autor: Ulilop



~Blondiiitaa.

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