November 18, 2012

Hace dos años escribí esto. Cuánto tiempo, loco.

21 de Diciembre, 2012

   Despertó con una sensación de nervios en el estómago. Su cuerpo temblaba como una hoja a punto de ser arrancada por el viento. Su garganta estaba reseca, y sus labios pedían a gritos un vaso de agua.
   La chica pegó un salto de la cama y casi corriendo se fue a la cocina a llenarse una taza del transparente líquido. Mientras tanto, tomaba una tostada de la noche anterior y se la untaba lentamente con manteca.
   Volvió a la cama, y se acostó junto a su novio. Este la miraba casi con adoración, como si en su vida nunca hubiera habido nada más bello.
   Ello le devolvió una mirada amorosa, y recordó que hoy era su aniversario, y que cumplían tres años de noviazgo.
   El rápido desayuno la había calmado, por lo que él no advirtió sus anteriores temblores. Ella le había prometido algo. Luego de esa fiesta, ella le había prometido que algún día, darían un paso más en la relación, formando una unión de amor y pasión.
   Mientras se desnudaba, lentamente, recordó esa noche.
   La quinceañera, excitada, había entrado al curso repartiendo las entradas para su esperada fiesta. Como siempre, luego de esto todos empezaron a hablar alegremente, comentando lo que se iban a poner y las cosas que iban a hacer allí.
   Todos iban a asistir. Iba a ser muy divertido. Eso no era lo que la tenía en vela por las noches. Era el hecho de que él iba a estar allí. Ese... ¿Cómo se dice? Pequeño detalle.
   Luego de haberla dejado, el chico no le había hablado nunca más, sumiéndola en un estado de frustración constante por no animarse a hablar.
   Al recordar ese momento un atisbo de enojo la recorrió, pero lo dejó de lado. Viejos tiempos.
   La razón de su ruptura había sido clara, pero algo en él la había dejado con dudas. Su sexto sentido le decía otra cosa: no era esa la razón causante. La razón era otra. Desde que lo pensó, tomó la decisión de hablarle claramente y preguntarle cuál era el motivo. Lisa y llanamente, sin vueltas.
   Sus bragas cayeron al piso, seguido de su corpiño. Todavía podía recordar los temblores que la recorrían esa noche. Al pensar esto volvió a temblar. Lo de hoy no sería pan comido tampoco.
   Para esa fiesta había elegido uno de sus más sencillos vestidos. Uno negro, sin adornos, que no ocultaba nada. Su maquillaje también había sido ligero, sin máscaras de ningún tipo.
   Recordó su orgullo en ese momento, sabiendo que mientras todas se producían en exceso para verse medianamente bien, ella podía arreglarse rápidamente y verse igual de bonita.
   Al llegar al salón, saludó a todos. Había dejado de temblar, pero sabía que su serenidad no duraría mucho. Para ser exactos, dos horas y cincuenta y dos minutos.
   A pesar de ser moreno, el traje negro le quedaba muy bien. A pesar de odiarlo, no pudo dejar de mirarlo con ojos enormes. Recordó su misión.
   Al terminar de quitarse la ropa, se metió en la cama junto al chico, que la miraba con una mezcla de excitación y temor.
   La noche transcurrió lentamente, con los bailes y las bromas, y ella no encontraba su momento. Llegaron los lentos, y cada cual buscó su pareja.
   Nunca supo cómo, pero se vio tomada por dos de sus compañeras, y en un abrir y cerrar de ojos estaba en brazos de él. Los dos jóvenes se miraron confusos, y ella empezó a moverse lentamente al compás de la música. Así estuvieron, hipnotizados, y sin decir nada. Ambos vieron la puerta de salida, y sin una sola palabra salieron al patio. Estaba vacío, y nadie salvo los arbustos decorativos y las paredes fueron testigo de lo que pasaría a continuación.
   Al igual que ahora, en ese momento la tensión era palpable, mientras ella le quitaba la ropa despacio, acariciándolo y susurrándole cosas dulces para que se calmara.
   Olvidando sus miedos, olvidando al mundo, ella dijo todo lo que tenía planeado decir. Sus palabras salían como de una catarata, y el chico la dejó hablar.
   Cuando pudo mirarla, tenía lágrimas en los ojos. Abrió la boca, y su confesión la dejó muda, sin saber que decir. Con ternura, lo besó en la boca. Respondió al beso, y con un  suspiro se dejó llevar por las sensaciones del momento.
   Los roces eran tímidos, temerosos de causar incomodidad, pero al mismo tiempo los sumía en un exquisito placer. Nunca habían experimentado algo así, ni en sus más alocadas fantasías, por lo que las sensaciones los tomaron por sorpresa.
   Al igual que esa noche, los roces se repitieron, pero con más atrevimiento, pasando por zonas prohibidas, descubriendo con las manos rincones de sus cuerpos que no se hubieran imaginado poseían.
   La temperatura subió, los labios se unían en desenfrenada locura, y la liberación era inminente.
   Finalmente, se dio. Se relajaron, y se fundieron en un amoroso abrazo que no dejaba lugar a dudas sus sentimientos.
   El chico, luego de haber experimentado tal satisfacción, sonrió para sí mismo, cerró los ojos, y se sumió en un profundo y tranquilo sueño junto con su novia.
   Unas horas después, el viento empezó a soplar furiosamente, grandes y oscuras nubes cubrieron el cielo, y la lluvia de meteoritos cayó sobre Buenos Aires.

Fin

~Blondiiitaa.

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